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Sueltos / Sincopados

27/09/2021 - 15/10/2021
La pintura será muda pero nada ni nadie le quita al pintor su pelea y su vibra; a través suyo todo vuelve. Y lo que regresa, viene con diferencia.
El giro de Piero Quijano sorprende por la felicidad impromptu que emana del conjunto, una alegría que a menudo estalla en el cuerpo con su inmersión en la música: los pies se la montan bien en la brevedad de un surco o se van por su cuenta al estruendo feroz de toda una orquesta viva. En su pintura nunca se lleva nada de encuentro, busca re-construir el frenesí sonoro y a veces palpa los cuerpos y otras los pega al lienzo como estampillas de un pasado coleccionable. Lo que vemos es lo que reconocemos, pero el estilo Quijano nos hace trastabillar en nuestra carrera por hallar certezas: esta vez hasta la más amable realización tiene el alma recia, y lo que ya es ostensiblemente salvaje bordea la alucinación. Crea motivos visuales y los usa recurrentemente, y puede asociarlos o no a lo representado. Y no son nada en específico. Solo lo suficientemente abstractos como para trastornar expectativas de cómo reconectar con lo electrizante de una fiesta en casa o -¡lo máximo!- en una pista de baile.

Hay solistas que se separan de la comunidad espontánea que se congrega y baila. Son músicos y cantantes que entran y salen de la nota grupal. No son exactamente el revés de la trama en cuanto a tratamiento pictórico, y Quijano les permite estelarizar momentos, instantes más bien, en el cuadrilátero que es el soporte bidimensional. En un cuadro un piano está al centro de todo y aporreado con maña, se convierte en motor y corazón. La rocola también encuentra su lugar, propicia compañera del desenfreno, pieza indispensable del mobiliario.
Lo aciago muy frecuentemente nos hace preguntarnos, parafraseando a Brecht, acerca de si se puede seguir haciendo arte en épocas oscuras. Para el poeta y autor teatral alemán la respuesta era escueta: sí, acerca de los tiempos oscuros.
Tal vez podremos convenir que el silencio fáctico de todos y cada uno de estos cuadros nos recuerda la distancia que nos separa de un tiempo anterior al presente. Pero, sin negar nuestra pérdida, tal vez podamos convenir en que hay una certeza ética que nos hace perseguir la vida y vivirla con disfrute. En el pasado, la pintura de Quijano ha atravesado lo denso, lo cargado y lo desarticulado. Pero su arte siempre ha sido afirmación de que la pintura es, fundamentalmente, construcción y re-construcción. Esa sigue siendo su elección. Pintar. Para vivir mañana.

Jorge Villacorta Chávez
Septiembre de 2021.
Blues en X
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Piero