Submenu
Solar “(…) los románticos (…) trataban de expresar ideales que pudieran ser experimentados tan sólo en el alma individual, y situados más allá de los límites del razonamiento lógico.” Hugh Honour, 1979. La corriente romántica de la primera mitad del siglo XIX vio materializadas sus influencias en estilos y obras que abordaron variados temas. Dentro de ellos, con raíces en el interés científico del siglo XVIII, se encuentran las ilustraciones etnográficas realizadas por investigadores y artistas europeos, quienes partían a tierras orientales o sudamericanas intrigados por los misterios de sus exóticas culturas. Muchas de estas obras -fuera del circuito oficial del arte en aquellas épocas- alcanzaron a una amplia audiencia gracias a publicaciones periódicas. En ellas, los viajeros encontraron espacios en los que pudieron compartir las anécdotas de sus travesías, recreándolas por medio de la palabra y la imagen. Hacia la década de 1840, el viajero francés y artista autodidacta Laurent Saint-Cricq, mejor conocido por su seudónimo como Paul Marcoy, embarcó a Sudamérica y recorrió los Andes Centrales y parte del Amazonas. Sus memorias y testimonios, publicados en la revista francesa Le Tour du monde en 1869 bajo el título de Viaje a través de América del Sur, del océano Pacífico al océano Atlántico, fueron desacreditados debido al tono novelístico e imprecisiones que presentaban (Chaumeil, 2003). Sin embargo, es necesario destacar que es precisamente esta fuerte carga subjetiva en los relatos y grabados de Marcoy la que impregna a su obra del sentimiento romántico decimonónico. En este sentido, las críticas no cuestionaban el valor literario o artístico de trabajos como el suyo, sino la manipulación u omisión de datos históricos. Ciento cincuenta años después, el lector contemporáneo pensará dos veces antes de tomar al pie de la letra la obra de Marcoy. Tal es el caso de Ignacio Alvaro, quien luego de contemplar un grabado en el que el viajero francés ilustró una embarcación en medio de una agitada tormenta dentro del lago Titicaca, comenzó a cuestionar la veracidad de la representación de los hechos históricos. Así, con el mismo espíritu romántico, Alvaro indaga en sus memorias y experiencias personales para desarrollar una propuesta que insta al público a mantener un sentido crítico ante las verdades que la historia asume como absolutas. En Solar, por medio de un lenguaje plástico que reúne espacios y tiempos distintos, Alvaro presenta dos momentos clave en la vida del explorador: el despertar de la curiosidad y el encuentro con lo desconocido. Cual gabinete de curiosidades, Ignacio trabaja series que parecen manifestarse como souvenirs de sus viajes. Mapas que sugieren rutas tomadas por el artista, así como registros fotográficos, se muestran intervenidos con manchas y rápidos trazos que distraen y confunden más que orientan. El desorden y choques cromáticos son contenidos mediante un juego de recortes y sobreposiciones, mismo que evidencia una clara intención por ocultar. A pesar de que estas acciones vuelven a las piezas casi ininteligibles, algunas figuras se asoman en medio del caos, despertando el morbo e incitando al espectador a descubrir qué misterios esconde Alvaro con nervioso frenesí, y por qué razón. La desatada emoción es apaciguada por el hallazgo de un ambiente que demanda la pausada e íntima contemplación del visitante. Una tenue iluminación anuncia la presencia de rítmicas y serenas formas que se aproximan a la abstracción. Los símbolos, chorreos y pinceladas gestuales se agrupan y armonizan en composiciones sobre telas que dejan traslucir suaves luces, remitiéndonos a rituales prehistóricos. Junto a ellas, las pequeñas botellas de cerámica refuerzan esta percepción y nos transportan al pasado precolombino. Sin embargo, al caer en cuenta de que éstas han sido reconstruidas con fragmentos que pertenecen a estilos lejanos en el tiempo y en el espacio, no podemos más que preguntarnos si nos encontramos ante un escenario del pasado, del presente o del futuro. Las obras reunidas en la exposición generan más preguntas que respuestas. El recorrido de las instalaciones invita a acercarse a las piezas y analizarlas con meticulosidad. Las formas devienen en pistas y códigos ante el ojo del espectador, quien tratará de hallar las partes faltantes de los incompletos mapas que prometen aventuras, descifrar los mensajes ocultos por manchas y trazos, y retener en su memoria la experiencia a la que es expuesto. Va por cuenta del curioso visitante preguntarse si las huellas y rastros dejados por Alvaro lo llevarán a algún lugar, o si éstas no representan más que las románticas ilusiones del artista. Jerson Ramirez Julio, 2020. Bibliografía Chaumeil, Jean-Pierre (2003). Dos visiones del hombre americano. D’Orbigny, Marcoy y la etnología sudamericana. En Bulletin de l'Institut français d'études andines, 32(3),459-466. Recuperado de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=126/12632305 Honour, Hugh (1979). El Romanticismo. Madrid: Alianza Editorial.
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