HANS KOTTER

Bio

Al conducir un auto de noche por las grandes ciudades, el color de los neones publicitarios sobre las fachadas de los edificios antiguos y techos de edificios altos comienzan a desvanecerse. Podemos notarlo aún, pero no nos atrevemos a descifrarlo con palabras. La omnipresencia de la escritura en los neones publicitarios significa que ha sido separada de cualquier significado relevante; algo parecido a un set de película surge, creando una atmósfera de ciudad cosmopolita.

Hans Kotter usa sus trabajos de luces, en los que grupos de círculos y líneas o una gama de colores relucientes, que por lo general transforman a la galería en un laboratorio de alquimia iluminado por varios colores, para transformar la atmosfera de ciudad cosmopolita en paisajes abstractos de luz. Lo que queda no es más que la magia de la luz, su poder atmosférico y manipulador. Esto es adoptado directamente de la experiencia básica de la modernidad: la percepción y experiencia de la ciudad cosmopolita, que es, como escribió el sociólogo Georg Simmel, “ la intensificación de la vida nerviosa, que procede de la rápida e ininterrumpida fluctuación de impresiones externas e internas.”

En contraste a los inicios del siglo XX, la percepción de la metrópolis y la sobre-estimulación de los sentidos que son concomitantes a este, se han convertido en norma en el siglo XXI. Hoy, la manera en que las cosas aparecen, la manera en la que nos son mostradas es usualmente más importante que su realidad y función. En otras palabras, en el contexto de la gran ciudad, el espectáculo de luz y colores en el mundo de la publicidad y consumismo, normalmente eclipsa al producto actual o evento. El espectáculo se torna en un propósito en si mismo; la luz se vuelve abstracta. Kotter convierte a este encantamiento de luz en el tema de una parte clave de su trabajo.

En el geométrico, claro y formal lenguaje del objeto e instalaciones de Kotter, es posible encontrar una referencia al arte moderno. La obra “Edge”, por ejemplo, sugiere que el ha transpuesto el trabajo de El Lissitzky o una pintura de Piet Mondrian en tres dimensiones. Pero, en contraste a los artistas del modernismo, Hans Kotter no busca una reinvención estética del mundo. La publicidad y el diseño ya se encargaron de esa tarea hace mucho tiempo. A primera vista, las esculturas y objetos de Kotter, sus cajas de luz, dan la impresión de que han sido creados para embellecer un espacio, pero el arte de Kotter va más allá. 

El filósofo Gernot Böhme define al espacio como la “amplitud y constricción, cargados afectivamente, en los que uno entra, el aura con la que uno se encuentra.” En el trabajo de Kotter esta aura crea experiencias estéticas que ejercen un, familiar y a la vez foráneo, efecto en el observador, especialmente si viene de una gran ciudad. Están fuera de las experiencias cotidianas al mismo tiempo en que están completamente arraigadas en ellas. Demuestran la manera en que la luz puede crear un ambiente, la manera en la que su intensidad sensorial manipula y captura al observador.

Incluso de niño, Hans Kotter estaba interesado en la pintura futurista, especialmente la de Umberto Boccioni, pero también en el Op art de Victor Vassarely. En el presente, el arte de Kotter oscila entre estos mismos dos polos: referencias al modernismo y juegos sensoriales. Aparte de sus objetos de luz e instalaciones, Kotter ha estado trabajando principalmente en una serie de close-ups que muestran la refracción de la luz. El resultado son fotos que parecen trabajos abstractos generados por una computadora, a primera vista, de hecho, muestran la física en el trabajo, o quizás una mejor descripción sería que muestran la metafísica de la luz. Kotter pone solemnemente en escena infinitas espirales en un cubo de hielo como si nos estuviésemos acercando al umbral hacia otra dimensión o transforma las luces de la gran ciudad en paisajes espaciales abstractos; sus trabajos son reflejo del proceso de percepción, estudios en producción de atmósferas. El aura afectiva que se filtra en el espacio irradia belleza y perspicacia. Nos permite experimentar el estado sensorial del presente y lo carga simultáneamente con magia. El trabajo de Kotter crea una ventana a un acto de alquimia.

Hendrik Lakeberg